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Quiero hablar de tres enemigos de la libertad personal y de la eficacia en el servicio al Señor.

1. Temor

Este es el peor enemigo y se presenta con multitud de disfraces. La Palabra de Dios nos enseña que en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. 1ª Juan 4:18.

En este versículo de las Escrituras estamos tratando con el amor "ágape" desinteresado y sacrificado, el fuerte amor de Dios que nos libra de las garras del temor. El temor es medio hermano de la inseguridad. Uno de los factores más comunes que nos roba nuestra eficacia en el ministerio es nuestra odiosa comparación con otros, y la falta de seguridad que sentimos a cerca de nosotros mismos y de nuestro ministerio. Por otra parte existe una clase de comparación que puede ser estimulante y nos lleva a una eficacia mayor. Esta es la comparación que se basa en un entendimiento confiado de nuestra propia vida y ministerio en el Señor, y que ve a otros con gratitud y busca aprender lecciones y principios de su experiencia.

2. Orgullo

El quebrantamiento debe ser el principio central de nuestra vida y ministerio. El orgullo oscurece la vista espiritual y endurece el corazón, y lleva a la persona a perder la sensibilidad espiritual, tanto para con Dios como para las demás personas. El corazón humilde es abierto para Dios y para las demás personas. Este es el sello de calidad de la verdadera humildad y mansedumbre, y es lo opuesto a un espíritu orgulloso y altivo. Proverbios 6:16-19. El orgullo no es algo sin importancia, fue este pecado el que llevo a la caída de Satanás o lucifer, y este pecado sigue afectando a toda la raza humana, el orgullo no es una cosa ligera en cuanto a Dios, y se opone a el por todas partes, 1ª Pedro 5:5-6.

3. La inconstancia

Esto es una falta de seriedad. Cuando somos arrastrados por todo viento de doctrinas y vamos cambiando continuamente nuestros principios y actitudes, estamos siendo tropiezo a las personas que nos rodean, por que les estamos creando inseguridad y pierden la confianza en nosotros. Las tres necesidades mayores para un liderato eficaz y fructífero son la integridad, la humildad y la fe. Los líderes necesitan estar disponibles para la gente, las demás personas necesitan poder leer sus vidas y percibir las motivaciones de su acción y comportamiento. Las personas que son realmente fructíferas en la vida de otros no son solamente aquellos que enseñan los principios, sino aquellos que los manifiestan. Para ser eficaces necesitamos conocer nuestros dones y llamamiento, y no poner Excusas a la hora de actuar.

Un hombre humilde es un hombre que ha abierto su voluntad a la voluntad de Dios. Es una persona que se ve a la luz del llamamiento de Dios en su vida y de su verdadera posición en Cristo. Esto es el secreto de la verdadera humildad, por que entonces estamos verdaderamente abiertos a todo lo que Dios quiere hacer en nosotros y con nuestra vida. 2º Crónicas 16:9.

 

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